Pensamientos inoportunos, crisis mentales y agravios propios, sufro a diario al hablarme en mi interior.
Nostalgias, emociones y nuevos sentidos, para lo que forma una parte de vida, efímera, pero al fin y al cabo vida.
Esfuerzos y trabajosas estrategias para lograr algo imposible, solo desgaste físico y mental cuando se perdía todo en la nada.
Promesas que rozaban el limite entre lo humano y lo infrahumano, negaciones del presente y aceptación de un futuro totalmente desconocido.
Angustias y dolores insostenibles en el transcurso de este corto lapso de tiempo.
Uno de las mayores angustias es el desconocimiento, el enojo, la frustración y porque no decir que también nos acompaña nuestro ahora conocido amigo el odio.
Hablarse a uno mismo, analizarse y pensar en que situaciones de la vida ha fallado, logra crear un cambio en la forma de sobrevivir en este mundo de penas. Encontrarse, la facultad más difícil de alcanzar.
A veces la ira se siembra en mi alma, y quema como fuego, tan fuerte es el odio tanto como lo fue de grande su antecesor. Nunca creí tener el interior tan contaminado, el cerebro en estado de degradación o de manera más clara en la putrefacción de su materia.
La forma de decir las cosas, sin necesidad de decirlas. Hablar con el silencio y callando nuestro interior hablando, de eso se trata de ocultarnos bajo máscaras, de caretearla como le dicen algunos, de disfrazarnos, y aunque lo hagamos bien, es solo eso, un disfraz. Al fin y al cabo estamos todos acabados.
#EsteparioLobo
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